17.12.04

Un día más frente al ordenador, intentando comentar en la red aquellas páginas que me encuentro y considero de interes para todos.

No recuerdo si, en algún post, he comentado los servicios gratuitos que ofrece Mi arroba; una comunidad de webmaster en las que podemos hacer prácticamente de todo: Nuestra página web, un blog, foros, añadir fotos, tagboards, contadores, etc... todo ello en español y de muy buena calidad.

Tiene el problema de que los responsables son un poco inquietos y, de vez en cuando tenemos algunos fallos de acceso; pero creo que se irán solucionando.

Espero que posais disfrutar del fín de semana.

16.12.04

Comentaba en un post anterior las caracteristicas de Feedness, un lugar desde donde podemos tener a mano los titulares de las noticias que más nos interesan o, de los weblogs, foros, etc... siempre y cuando tengan una versión en rss ( la mayoría lo tienen ya).

Ya lo he probado y la experiencia es muy agradable, tiene el inconveniente de que no puedo compartir mis titulares con otros internautas como me permite Bloglines. Pero si lo quiere para su uso personal, es muy válido y sencillo de utilizar.

En dicho post, ya poniamos de manifiesto las ventajas de tener un listado de titulares y, poder crearnos un periodico a la medida, consultarlo desde cualquier ordenador, ... ; en fín, las posibilidades están ahí, solo tenemos que utilizarlas.

Un fuerte saludo



13.12.04

Ebooks: leyendo el futuro

Hace hasta hace muy poco, la mera idea de que los libros electrónicos acabarían sustituyendo a sus hermanos de papel hubiera sido suficiente para acusar a alguien de disparatado agorero.
Hoy en día, aunque esta situación se vislumbra aún lejana, los libros electrónicos gozan cada vez de mayor aceptación.
El último en demostrarlo ha sido el famoso escritor norteamericano Stephen King, quien ha publicado su última obra de forma exclusiva en la Red, para satisfacción de los miles de lectores que han colapsado las librerías digitales.
Del iluminado discípulo de Guttemberg...
El primero en adivinar las posibilidades del nuevo medio fue Michael Hart, el impulsor del proyecto Guttemberg, creado en 1971.
En ese año, unos amigos le abrieron una cuenta de usuario en el mainframe (servidor corporativo) Xerox Sigma V de un laboratorio de investigación en la Universidad de Illinois. Para facilitarle las cosas, configuraron la cuenta para que pudiera disponer de 100 millones de dólares en tiempo de conexión.
Estrujándose la cabeza para averiguar qué podía crear susceptible de tan alto precio, Michael dio con la solución: buscaría, almacenaría y distribuiría en formato digital todo lo conservado en las bibliotecas.
Su primer texto digitalizado, escogido por su breve extensión -en aquellos tiempos los discos duros no daban para mucho-, fue la declaración de independencia norteamericana. Tres décadas después, los navegantes podemos acceder a los servidores del proyecto Guttemberg para descargar de forma gratuita las obras de Platón, Shakespeare o Cervantes en formato ASCII (sólo texto).
Pese a
lo revolucionario de la propuesta, no están incluidos los libros de actualidad, sobre los que todavía pesa la losa de los derechos de autor. Además, la simplicidad del formato, uno de los principios sobre los que se apoya el proyecto, no invita a la comodidad de lectura: leer el Quijote en la pantalla del ordenador, más que placer, acaba produciendo un terrible escozor de ojos.
...hasta el presente
Sin embargo, muchas compañías contemplaron el experimento con interés y comenzaron a desarrollar nuevos soportes y formatos de libros digitales. Los dispositivos de lectura más conocidos son el Rocket Ebook de NuvoMedia y el Softbook Reader de SoftBook Press.

Ambos permiten descargar libros, bien directamente al dispositivo (Softbook) o desde el PC (Rocket). El formato del texto es una variación de HTML y XML. Los usuarios pueden leer, subrayar, incluir anotaciones, buscar determinadas palabras, etc. Es decir, difieren poco de un libro tradicional.
Sin embargo, su precio actual es elevado: el Rocket se vende por 200 dólares, mientras que el Softbook cuesta 600 dólares (300 si el cliente acepta comprar libros por valor de 20 dólares al mes durante los dos años siguientes). A esto hay que sumar el coste de los libros, en muchos casos por encima del de la edición en papel.
La oferta editorial, por otra parte, es reducida. Las editoriales no se deciden a publicar sus colecciones en formato digital. Esto disuade al potencial comprador de dispositivos de lectura, que no ve la forma de poder rentabilizarlos cuando tiene que rebuscar en el mercado para encontrar títulos de interés.El formato único y la seguridad
La oposición de las editoriales es fácil de entender. Desde un primer momento, vieron como los fabricantes actuaban de forma dispersa, desarrollando modelos poco seguros que no eran compatibles entre sí.
Microsoft fue el primero en darse cuenta del problema. Para resolverlo impulsó la creación de la iniciativa abierta eBook (Open eBook Initiative).
Tras siete meses de reuniones, en mayo de 1999 se anunció el lanzamiento de la especificación Open eBook 1.0. En ella se definía un formato único para todos los libros electrónicos. Es el que utilizan actualmente los dispositivos de lectura, y aunque funciona bien con texto y gráficos simples, la visibilidad de los caracteres sigue sin ser perfecta.
El problema de la seguridad todavía no está resuelto. Este es el principal temor de las editoriales, que no quieren que se repita lo sucedido a las discográficas con Napster o MP3.com.
La respuesta fue una nueva alianza, el grupo de trabajo EBX, que trabaja en el desarrollo de sistemas de protección y distribución que serán compatibles con el formato único.
El consumidor tiene la última palabra
Más aún que las editoriales, el consumidor sigue siendo el principal escéptico. No en vano el Softbook Reader es casi del tamaño de un ordenador portátil, demasiado incómodo y frágil para llevarlo en la mochila.
La adopción por la sociedad de tecnologías innovadoras es siempre lenta y compleja. No puede realizarse sin una plataforma única y un considerable esfuerzo de marketing. Pero no es imposible: el walkman o el vídeo resultaron revolucionarios en sus comienzos y acabaron por convertirse en elementos ordinarios de nuestra vida.
Aun así, resulta muy difícil emular el aura mágica que para muchos tienen los libros; tampoco cambiar sus hábitos de lectura. Las variables que subyacen al placer psicológico que proporcionan los cientos de páginas de letra impresa no son fácilmente identificables.
Pese a esto, es indudable que los libros electrónicos alterarán de forma significativa nuestra vida. Como dice Bill Brass, vicepresidente del departamento de desarrollo tecnológico de Microsoft, "En el futuro usted podrá ver dispositivos electrónicos con una capacidad de almacenamiento de 200.000 libros, aproximadamente el tamaño de una librería Barnes & Noble. Cuando pones esa densidad de información en las manos de una persona, entonces los libros electrónicos se convierten en una propuesta atractiva e interesante".
Sus posibles aplicaciones
Pero no es necesario esperar tanto para comprobar las virtudes de los libros electrónicos. Sus aplicaciones científicas y educativas comienzan rápidamente a desarrollarse.
La capacidad actual de los dispositivos permite almacenar miles de páginas y su flexibilidad permite modificarlas de forma sencilla. El médico se puede llevar docenas de libros a un congreso o realizar infinidad de consultas médicas desde la cama, al tiempo que el profesor puede personalizar los libros de texto de sus alumnos según sus preferencias.
Softbook ha lanzado proyectos piloto en Austria y el estado de Texas para probar la aceptación de los libros electrónicos en el entorno escolar. Si el experimento tiene éxito, ya no será necesario comprar los libros de texto apenas unos días antes del comienzo del curso. Mejor aún, en una familia numerosa no habrá que comprar varias ediciones de un mismo libro porque éste haya quedado desfasado.
Otras compañías como New Media Books trabajan en dispositivos que combinan los libros tradicionales con complejas aplicaciones multimedia.
Las aplicaciones son infinitas. Pronto podremos sentarnos frente a las pirámides de Egipto y consultar la enciclopedia británica y las numerosas guías de viaje albergadas en nuestro dispositivo de lectura electrónico.
Las compañías trabajan de forma infatigable para mejorar su comodidad y rebajar su precio. Aunque nunca consigan transmitir las sensaciones de los viejos libros de tapas raídas y páginas amarillentas, es casi seguro que sus esfuerzos pronto tornarán en asombro nuestro inveterado escepticismo.